Mi trabajo más triste

11 mayo, 2014 por UsuarioArráez

Pese a que aquí tan solo escribo de tecnología, hoy me vais a permitir una licencia. Y es que en la madrugada de ayer fallecía en un brutal e injusto accidente de tráfico Jose, un querido compañero de trabajo. Es injusto morir, pero todavía es más injusto cuando te ocurre con 42 años y detrás quedan mujer e hijos.

Estas palabras que ahora mismo tecleo son fruto de la rabia, la impotencia y la pena. Y honestamente, no sé cuál de esos sentimientos está por encima de los otros. Y es que Jose –sin tilde, como a él le gustaba que le llamaran– era uno de esos extraños tipos que podía presumir tanto de buena persona como de duro e inalterable carácter. Daba igual si una jornada terminaba en acalorada discusión o en difícil disputa porque el día siguiente era una nueva oportunidad para olvidarlo todo y reír de nuevo con los compañeros. O tal vez de volver a discutir sobre si Fernando Alonso ganaría con su Ferrari o si su querido Real Madrid ganaría la décima.

«Jose, ¿lo tienes todo?» era la frase con la que cada noche me despedía de él, y que era el preámbulo a un «Sí» que me daba vía libre para terminar la jornada. En la época de los recortes empresariales y de los trabajadores hastiados por esos mismos recortes, Jose era una de esas rara avis a las que les gusta su trabajo. Le encantaba su trabajo. No tenía ningún problema en venir un poquito antes o marcharse algo más tarde. «Al fin y al cabo nos pagan para hacer nuestro trabajo» me decía en ocasiones mientras comentábamos de qué forma estaban cambiando las cosas. Pero el trabajo era el trabajo. Debía estar todo perfecto. Y sin quererlo te contagiabas de su perfeccionista forma de cuidar cada detalle. Y tú también buscabas la forma de hacerlo mejor cada día, aunque no siempre lo consiguieras.

Jose era parte fundamental del perfecto engranaje que forman los trabajadores de un periódico. A  caballo entre dos mundos opuestos, la redacción y la rotativa, tenía que lidiar a menudo con maestría para conseguir que el periódico estuviera puntualmente cada mañana en el kiosco. Pero para él no bastaba con estar: tenía que estar bien. Daba igual si era un silueteado, un titular o un pie de foto mal puesto. Todo debía estar en su sitio.

Alguien me ha dicho hoy que al final, el único consuelo es que quede una estela de gratitud y reconocimiento. Pero yo creo que además debe quedar el convencimiento de que tu vida ha sido plena, y de que todo lo que has hecho en ella ha merecido la pena. Y estoy seguro de que ha sido así en el caso de Jose.

Hoy me ha tocado hacer el trabajo más desagradable de mi vida. Nunca pensé que tendría que hacer la página que contaría el fallecimiento de quien ha estado a un par de metros de mi durante años. Mientras componía la página de su muerte, leía su obituario. E intentaba hacer lo propio con el artículo que el incomparable Matías Vallés le ha escrito. Pero las lágrimas me lo impedían.

Lo reconozco, Jose –sin tilde, como a él le gustaba que le llamaran– ha conseguido hacerme mejor en mi trabajo, y eso siempre se lo tendré que agradecer. No sé si lo hizo sin querer, si fue fruto de la casualidad o quizás del pavor a que me encontrara algún error añadido a la larga colección que ya tengo. Pero lo que sé es que en Diario de Mallorca le vamos a echar de menos.

Y yo especialmente. Ya no podré volver a preguntarle a Jose si lo tiene todo antes de salir por la puerta cada noche. Anoche, sin yo saberlo, se lo pregunté por última vez.

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6 pensamientos en “Mi trabajo más triste

  1. Pep Arbona

    Estoy orgulloso de haber pertenecido a esta gran familia del Diario y de seguir teniendo amigos –hijos más bien– como tú, como Raúl y como tantos otros que han representado y siguen representando algo fundamental en mi vida, tanto laboral como personal. Jose estaba entre ellos. Su familia –especialmente su madre y sus tíos– han sido vecinos y compañeros de infancia, feliz infancia que disfrutábamos en libertad. Ahora él ya no está. Nos queda su recuerdo y, sobre todo, su ejemplo. Un fuerte abrazo para todos los que le queríamos.

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  2. Carlos Lluch

    Lo siento, querido David. Es algo que hemos vivido en casa. Hasta que ocurre los fallecidos en las crónicas son simples estadísticas pero todo cuanto hay tras esas cifras son vidas, historias humanas de lazos, esfuerzo y afectos. Un fuerte abrazo.

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